Nos
acompañaron a visitar la parte más nueva y brillante de Singapur y
me pareció alucinante. También nos llevaron a comer a Food courts,
que son unos lugares donde hay un montón de puestecillos de comida
rica, rica, en la calle. Me han contado que lo singapurienses tienen
dos pasiones: comer y comprar, así que lo más puedes encontrar por
sus calles son 1º puestos de comida o restaurantes y 2º centros
comerciales o tiendas.
Si, Singapur tiene pasta, mucha pasta.
Como
Diego y Ángela trabajaban Pedro y yo hicimos un poco de turismo por
nuestra cuenta también. Visitamos el Museo de las Civilizaciones
Asiáticas (que no pudimos terminar, dada su extensión) y el Jardín
Botánico, con su parque de orquídeas incluido. Algunas de aquellas
flores me hicieron llorar con su belleza, aunque lamento informar que
la cámara se quedó sin batería, así que no hay fotos de las
flores más bonitas.
Nos
despedimos de nuestros anfitriones con alegría, agradecidos por los
buenos momentos compartidos y sabedores de que pronto nos volveremos
a encontrar, en Singapur o en Indonesia. Con algunas peripecias y
carreras conseguimos llegar a la frontera con Malasia para tomar un
tren nocturno que nos llevaría a Kuala Lumpur. Mientras estaba en el
cubículo de mi litera pensé que no había sabido transmitir a mis
amigos el profundo agradecimiento que siento por su cariñosa y
generosa hospitalidad. Espero poder devolvérsela pronto.
Ángela,
Diego y Mónica, ha sido un verdadero placer, gracias.
gran comienzo.... para una larga experiencia....
ResponderEliminarbuen comienzo para una larga experiencia.....
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